Ingredientes:
- 1 kg de sardinas frescas enteras
- 1 kg de sal gruesa
- 500 g de patatas pequeñas, cortadas en cuartos
- 2 dientes de ajo, en rodajas finas
- 1 guindilla seca pequeña (opcional)
- 60 ml de vino blanco seco
- 1 cucharada de vinagre de sidra
- 4 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
- 2 cucharadas de perejil fresco picado
- Sal y pimienta negra recién molida al gusto
Instrucciones:
- Lava bien las sardinas bajo agua fría y sécalas con papel de cocina. No quites las cabezas ni las tripas.
- Extiende una capa gruesa de sal gruesa en una bandeja para hornear. (Opcionalmente, forra la bandeja con papel de hornear).
- Coloca las sardinas sobre la capa de sal, asegurándote de que no se toquen entre sí.
- Cubre las sardinas completamente con la sal gruesa restante, creando una costra gruesa.
- Precalienta el horno a 200°C (400°F). Hornea durante 12-15 minutos, o hasta que la costra de sal esté dura y ligeramente dorada.
- Mientras las sardinas se hornean, cocina las patatas según las instrucciones del paquete o hasta que estén tiernas. Si partes de patatas crudas, hierve hasta que estén tiernas.
- En una sartén, calienta el aceite de oliva a fuego medio. Agrega el ajo en rodajas y la guindilla (si la usas) y cocina hasta que el ajo esté fragante y ligeramente dorado (¡ten cuidado de no quemarlo!).
- Agrega el vino blanco y el vinagre de sidra a la sartén. Lleva a fuego lento y cocina durante 1-2 minutos, permitiendo que la salsa se reduzca ligeramente.
- Agrega las patatas cortadas en cuartos a la sartén y mézclalas para cubrirlas con la salsa de ajo. Sazona con sal y pimienta al gusto. Agrega el perejil picado.
- Retira las sardinas del horno. Rompe con cuidado la costra de sal y retira las sardinas. Elimina el exceso de sal tanto como sea posible con una espátula. Sirve inmediatamente con las patatas al ajillo.